Dispossesions in the Americas

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Narrativa 1600 - 1699

The Use of American Hallucinogens in the 17th Century. The Complex Relationship between Christianity and Racialized Bodies.

  • López Roldán, Kelly

Publicado: 2024

**Source:** Francisco Tumiñá Pillimué, “Mujer al pie de borrachero,” in *Nuestra Gente - Namuy Misag. Tierra, costumbres y creencias de los indios guambianos* (Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 1949) p. 93.

Source: Francisco Tumiñá Pillimué, “Mujer al pie de borrachero,” in Nuestra Gente - Namuy Misag. Tierra, costumbres y creencias de los indios guambianos (Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 1949) p. 93.

Narrativa 1600 - 1699

El uso de alucinógenos americanos en el siglo XVII. La difícil relación entre cristianismo y cuerpos racializados

  • López Roldán, Kelly

Publicado: 2024

**Fuente:** Francisco Tumiñá Pillimué, “Mujer al pie de borrachero”, en *Nuestra Gente - Namuy Misag. Tierra, costumbres y creencias de los indios guambianos* (Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 1949) p. 93.

Fuente: Francisco Tumiñá Pillimué, “Mujer al pie de borrachero”, en Nuestra Gente - Namuy Misag. Tierra, costumbres y creencias de los indios guambianos (Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 1949) p. 93.

Resumen

Este ensayo explora las contradicciones que emergieron entorno al consumo de alucinógenos americanos en la época colonial. De acuerdo con los marcos de referencia europeos, la ingesta de esta clase de sustancias resultaba problemática, en especial desde el punto de vista religioso. Por esta razón, en muchas ocasiones su uso llegó a ser considerado como una amenaza para los valores cristianos y, por ende, fue perseguido por las autoridades. Pese a que personas de todos los orígenes sociales y económicos las consumían, la mayoría de las acusaciones por idolatría, hechicería, superstición y brujería recayeron en indígenas y afrodescendientes. Estos individuos llevaban a cabo prácticas relacionadas con la magia amorosa, la adivinación, la búsqueda de tesoros u objetos perdidos en un contexto caracterizado por la desigualdad y la violencia. El consumo de alucinógenos puede entonces evidenciar tanto huellas de resistencia cultural, como marcas de desposesión y violencia en los cuerpos racializados.

A principios del siglo XVII, en la provincia de Antioquia, noroeste de Colombia, Pedro de Silva obligó a Diego Panojo, un indígena de su encomienda, a consumir la yerba borrachera ——seguramente una especie del género Brugmansia— con la esperanza de que sus visiones revelaran dónde estaban las guacas o sepulturas indígenas prehispánicas, que en aquella región solían estar repletas de oro.1 La ambición de Silva lo hizo propenso a creer que las alucinaciones de Panojo le ayudarían a mejorar su situación económica. A todas luces el ritual que tuvo que ejecutar Diego contravenía los avances de la evangelización, proyecto que, por lo menos en teoría, todo encomendero debía ayudar a fortalecer. En su lugar, Silva obligó a un indígena que ya había abrazado el cristianismo a consumir una planta que era problemática para los europeos porque desde antes de la Conquista los indígenas la empleaban para comunicarse con sus dioses. Pero esto poco le importó a Silva. El conocimiento, las visiones y el cuerpo de los indígenas debían alinearse para satisfacer su fiebre de oro.

En Colombia, las alusiones a este tipo de consumo durante el periodo colonial son escasas, y no precisamente porque las plantas alucinógenas fueran irrelevantes en este contexto.2 Esta ausencia se debe en parte a las propias dinámicas de la Conquista. Por ejemplo, en el caso de la ayahuasca es difícil encontrar referencias de los siglos XVI y XVII porque la colonización del sudeste del país —donde se mantiene una fuerte presencia de las comunidades indígenas que consumen esta liana— fue tardía y no se conservan muchos registros anteriores al siglo XVIII.3 Tampoco hay que olvidar el poco interés que este tema ha suscitado en la historiografía colombiana. El caso de Diego Panojo solo ha sido mencionado en un par de ocasiones para señalar los conflictos entre encomenderos e indígenas en esa región y para ilustrar la rigurosa preparación para la ingesta del borrachero, que requería largos períodos de ayuno.4

Este episodio revela la paradoja que se esconde en el consumo de alucinógenos durante la época colonial y en la perpetuación de prácticas consideradas supersticiosas y problemáticas para los conquistadores. El caso del borrachero, lejos de ser único, se inscribe en una serie de procesos que se emprendieron en diferentes partes del continente americano entre finales del siglo XVI y principios del XVII con el fin de erradicar o controlar el uso de plantas sospechosas de alimentar la idolatría y la superstición, entre las que destacan el tabaco, la coca y el peyote.

Fuente: Peyote (Lophophora williamsii). © Héctor M. Hernández M. https://www.tropicos.org/image/100445679.

Fuente: Peyote (Lophophora williamsii). © Héctor M. Hernández M. https://www.tropicos.org/image/100445679.

Cuando se piensa en el uso de alucinógenos de origen americano durante los siglos XVI y XVII es inevitable suponer que fueron rechazados por los europeos, y que dicha repulsión alimentó una retórica inspirada en preceptos religiosos. De allí que la prohibición de esta clase de plantas comúnmente se presente como una consecuencia apenas lógica. Pero más allá de las diatribas de algunos cronistas y de los debates eclesiásticos, muchas veces se pierde de vista que el consumo de estas sustancias durante el periodo colonial no se circunscribe a las sociedades indígenas que se resistían a abandonar sus creencias, o al proceso de adaptación de los afrodescendientes a las condiciones impuestas por el Nuevo Mundo. Por el contrario, es posible encontrar casos en los que incluso frailes llegaron a ser investigados por ser fumadores de tabaco y asiduos consumidores de peyote.5 Quizás los procesos más conocidos sean los que involucran a mujeres españolas, criollas y mestizas que empleaban estas plantas para un sinnúmero de fines relacionados con la magia amorosa. Esto podría llevar a pensar que era un asunto que estaba íntimamente relacionado con lo femenino, pero las mujeres no fueron las únicas señaladas por propagar la superstición.

A partir de la década de 1570 se emprendieron iniciativas de control de los avances de la evangelización entre los indígenas, junto con un examen de cristianos viejos y nuevos. Para lograrlo, se establecieron los tribunales de la Inquisición en América y las campañas de extirpación de idolatrías. En los juicios se vieron involucradas personas de todos los orígenes que, en la mayoría de los casos, fueron acusadas de delitos como superstición, brujería y herejía. En este momento, comenzaron a aflorar las discusiones en el seno de la sociedad hispánica o —más precisamente—, cristiana. Surgieron debates álgidos en torno a la pertinencia de permitir o castigar el uso de estimulantes y alucinógenos americanos.6 Las autoridades civiles y eclesiásticas temían que la adopción de dichas prácticas por parte de los europeos pusiera en vilo los pilares de su identidad, cimentada en los principios de la religión católica.7 En este contexto, la Inquisición prohibió el consumo de peyote en Nueva España: según el edicto promulgado en 1620, los inquisidores amenazaban con excomunión, sanciones económicas y penas corporales a quienes se atrevieran a seguir ingiriendo el cactus para tener visiones y así “descubrir hurtos, y adivinar otros sucesos, y futuros contingentes ocultos”.

Fuente: “Edicto del Santo Oficio condenando el uso de la yerba de peyote”, México, 19 de junio de 1620. AGN, Ciudad de México, Inquisición, vol. 289, exp. 12, f. 1r.

Fuente: “Edicto del Santo Oficio condenando el uso de la yerba de peyote”, México, 19 de junio de 1620. AGN, Ciudad de México, Inquisición, vol. 289, exp. 12, f. 1r.

Las disposiciones con las que la monarquía española y la Iglesia buscaban restringir el consumo de tabaco, coca o peyote se expidieron a principios del siglo XVII. Es fácil caer en la tentación de asumir que éstas formaban parte de una misma iniciativa que pretendía imponerse en todo el territorio americano. No obstante, todo parece indicar que tales medidas estuvieron inspiradas más bien en dinámicas regionales. Por ejemplo, entre 1606 y 1614, la Corona española prohibió los cultivos de tabaco en varias islas del Caribe y Venezuela. También es cierto que desde las primeras décadas de la Conquista, el tabaco había generado rechazo entre los cronistas, que se encargaron de construir una imagen deleznable de los fumadores. Esta representación estaba estrechamente ligada a los sectores populares: indígenas, individuos esclavizados y campesinos, habitualmente representados en la iconografía con escenas que retratan el libertinaje llevado a cabo en tabernas y burdeles. Pero los motivos para proscribir los cultivos no estaban arraigados en asuntos religiosos o simbólicos. La prohibición se alejaba del temor a la corrupción moral que el humo de tabaco ayudaba a propagar, para acercase a un miedo más acuciante y mundano. En realidad, con esta medida se buscaba detener la avanzada de piratas holandeses y franceses que llegaban a las costas a comerciar con los habitantes empobrecidos de aquellos lugares, para intercambiar ropa por tabaco. Está de más decir que se trató de un intento fracasado. Fueron precisamente los holandeses y los ingleses quienes ayudaron a globalizar el tabaco al emplearlo de forma similar a como lo hacían en América, para sellar alianzas militares y acuerdos comerciales.

Fuente: Esaias Boursse, “Two South African Khoisan men smoking a pipe”, 1662. Rijksmuseum, Ámsterdam, http://hdl.handle.net/10934/RM0001.COLLECT.726327.

Fuente: Esaias Boursse, “Two South African Khoisan men smoking a pipe”, 1662. Rijksmuseum, Ámsterdam, http://hdl.handle.net/10934/RM0001.COLLECT.726327.

Podría parecer contradictorio que los españoles recurrieran a métodos poco ortodoxos para resolver asuntos o conflictos cotidianos, ya que eran justamente éstos la base de la acusación que recaía sobre los indígenas según la vasta literatura en contra de la idolatría. Solo basta echar una mirada a los procesos de la Inquisición en Nueva España entre finales del siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII para darse cuenta de que, en muchos de ellos, los protagonistas tenían orígenes sociales y económicos diversos. Los expedientes detallan prácticas consideradas supersticiosas que incluían la ingesta de peyote para buscar objetos perdidos, hallar las razones de un amor no correspondido, o para menguar el carácter violento de esposos, amantes y amos. Cabe preguntarse entonces por qué muchas de las acusadas eran mujeres afrodescendientes.8 Quizás porque eran justamente ellas quienes más necesitaban que esa mezcla de plantas y conjuros fuera efectiva para manipular sus circunstancias; una forma de actuar sobre una realidad que difícilmente podían cambiar: estar sometidas al mal carácter de los esclavizadores, a la traición de sus amantes y a la violencia. Algunas de ellas incluso lograron combinar la pericia en este arte de lo sobrenatural con oficios como lavanderas, costureras o parteras, lo que les sirvió para comprar su libertad y tener una vida —si bien modesta—, libre de ataduras. Esta garantía, sin embargo, no siempre resultaba duradera. Como demostró la historiadora Ana María Silva Campo, a no pocas de ellas la Inquisición, además de condenarlas al destierro y a cientos de azotes, también les confiscaron los bienes que habían conseguido tras ser reconocidas como curanderas, hechiceras y brujas.9 Desde la acusación hasta la sentencia se evidencia el criterio desigual que se aplicaba a la hora de perseguir y castigar a las mujeres afrodescendientes. La primera alimentaba un prejuicio y la segunda se presentaba como un nuevo acto de desposesión. Se trataba de construir un arquetipo de la bruja racializada que serviría para perpetuar su condición de mujer pobre.

El consumo de alucinógenos no era solo una muestra de resistencia cultural por parte de indígenas y de afrodescendientes, sino que se encontraba inserto en relaciones de desigualdad propias de la sociedad colonial. Es innegable que, aunque en muchos casos los indígenas y afrodescendientes podían recibir una compensación económica o una suerte de estatus por sus habilidades o conocimientos relacionados con plantas como el peyote, el borrachero, la coca o el tabaco, no se pueden subestimar los peligros que acarreaban los rituales y, peor aún, los riesgos que la persecución por parte de la Inquisición imponía sobre sus cuerpos. Las acusaciones y los castigos de carácter ejemplar demostraban que la gravedad de los delitos estaba condicionada por el lugar social que ocupaba quien era señalado por infringir algún precepto moral o religioso. En algunos procesos se menciona que la ingesta de alucinógenos era llevada a cabo por indígenas y afrodescendientes, pero en muchas ocasiones, los beneficiarios de las alucinaciones eran —en última instancia—, los españoles y sus descendientes.10

Si bien, en principio, estas plantas alucinógenas estaban estrechamente vinculadas con los marcos de referencia indígenas, luego de la Conquista, terminaron siendo apropiadas y, en consecuencia, reinterpretadas y usadas para propósitos distintos a los del contexto cultural de origen. Curar, adivinar el futuro, cambiar los designios del destino o buscar objetos perdidos y tesoros se convirtieron en tareas que asumieron los indígenas y los afrodescendientes, si bien en muchos casos atendieron necesidades ajenas y se hicieron en contra de su voluntad, como el de Diego Panojo y la yerba borrachera. El consumo de alucinógenos muestra cómo operaban los mecanismos de desigualdad y violencia de la sociedad colonial. Mientras los europeos buscaban nuevas maneras de enfrentar su realidad al adquirir un gusto por aquello que en principio debían rechazar, se valieron del conocimiento indígena y de la vulnerabilidad de los afrodescendientes esclavizados y libres, para construir y perpetuar una imagen negativa sobre los cuerpos racializados.


  1. Archivo General de la Nación (AGNC), Bogotá, Colonia, Visitas Antioquia, Tomo III, Titiribí y Ebéjico. ↩︎

  2. El borrachero sigue siendo reconocido, aunque no precisamente por su importancia comercial o por el lugar central que ocupa entre los indígenas del país, sino porque la escopolamina es la protagonista de los asaltos callejeros. John Slater, “Drugs, Magic, Coercion, and Consent: From María de Zayas to the ‘World’s Scariest Drug’”, Reconsidering Early Modern Spanish Literature through Mass and Popular Culture: Contemporizing the Classics for the Classroom, eds. Bonnie Gasior y Mindy E. Badía (Newark: Juan de la Cuesta, 2021), p. 284. ↩︎

  3. Martin Nesvig señaló la dificultad para encontrar referencias sobre el consumo de ayahuasca en la época colonial. Martin Nesvig, “Forbidden Drugs of the Colonial Americas”, The Oxford Handbook of Global Drug History, ed. Paul Gootenberg (Oxford: Oxford University Press, 2022), p. 166. ↩︎

  4. Mauricio Alejandro Gómez Gómez, Del chontal al ladino: hispanización de los indios de Antioquia según la visita de Francisco de Herrera Campuzano, 1614-1616 (Medellín: Fondo Editorial FCSH, 2015), pp. 79 y 129; Gregorio Saldarriaga, Alimentación e identidades en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVI y XVII (Bogotá: Ministerio de Cultura, 2012), pp. 169-170. ↩︎

  5. “Proceso contra Fray Pedro de Olmos, sacerdote profeso franciscano, por blasfemo”, México, 1586. Archivo General de la Nación (AGNM), Ciudad de México, Inquisición, vol. 140, exp. 1, 70 ff. ↩︎

  6. Por ejemplo, los debates en torno al consumo de coca en el virreinato del Perú. Véase, Paulina Numhauser, Mujeres indias y señores de la coca. Potosí y Cuzco en el siglo XVI (Madrid: Cátedra, 2005); Ana Sánchez, “El talismán del diablo. La inquisición frente al consumo de coca: (Lima, siglo XVII)”, Revista de la Inquisición 6 (1997): 139-162. ↩︎

  7. Incluso el chocolate llegó a ser objeto de sospecha. Véase Marcy Norton, Sacred Gifts, Profane Pleasures. A History of Tobacco and Chocolate in the Atlantic World (Nueva York: Cornell University Press, 2008); María Águeda Méndez, “Una relación conflictiva: la Inquisición novohispana y el chocolate”, Caravelle 71 (1998): 9-21. ↩︎

  8. Joan Bristol y Matthew Restall, “Potions and Perils: Love Magic in Seventeenth Century Afro-Mexico and Afro-Yucatan”, Black Mexico: Race and Society from Colonial to Modern Times, eds. Ben Vinson y Matthew Restall (Albuquerque: University of New Mexico Press, 2009); Joan Bristol, “Ana de Vega, Seventeenth-Century Afro-Mexican Healer”, The Human Tradition in Colonial Latin America, ed. Kenneth J. Andrien (Lanham: Rowman and Littlefield Publishers, 2013). ↩︎

  9. Ana María Silva Campo, “Fragile fortunes: Afrodescendant women, witchcraft, and the remaking of urban Cartagena”, Colonial Latin American Review 30.2 (2021): 197-213, doi: https://doi.org/10.1080/10609164.2021.1912481. ↩︎

  10. Martin Nesvig, “Sandcastles of the Mind: Hallucinogens and Cultural Memory”, Substance and Seduction. Ingested Commodities in Early Modern Mesoamerica, eds. Stacey Schwartzkopf y Kathryn E. Sampeck. (Austin: University of Texas Press, 2017). ↩︎

Cita

López Roldán, Kelly. 2024. 'El uso de alucinógenos americanos en el siglo XVII. La difícil relación entre cristianismo y cuerpos racializados'. Despojos en las Américas. https://staging.dia.upenn.edu/es/content/Lopez-RoldanK001/

Leyendo en Portugués

Narrativa 1600 - 1699

O uso de alucinógenos americanos no século XVII

  • López Roldán, Kelly

Publicado: 2024

**Fonte:** Francisco Tumiñá Pillimué, "Mujer al pie de borrachero", em *Nuestra Gente - Namuy Misag. Tierra, costumbres y creencias de los indios guambianos* (Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 1949) p. 93.

Fonte: Francisco Tumiñá Pillimué, “Mujer al pie de borrachero”, em Nuestra Gente - Namuy Misag. Tierra, costumbres y creencias de los indios guambianos (Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 1949) p. 93.

Resumo

Este ensaio explora as contradições que emergiram em torno do consumo de alucinógenos americanos na época colonial. De acordo com os marcos de referência europeus, a ingestão dessa classe de substâncias resultava em uma problemática, especialmente pela perspectiva religiosa. Por essa razão, em muitas ocasiões seu uso chegou a ser considerado como uma ameaça para os valores cristãos e, portanto, foi perseguido pelas autoridades. Apesar de pessoas de todas as origens sociais e econômicas as consumirem, a maioria das acusações por idolatria, feitiçaria, superstição e bruxaria recaiu sobre indígenas e afrodescendentes. Esses indivíduos levavam a cabo práticas relacionadas com a magia amorosa, a adivinhação, a busca de tesouros ou objetos perdidos em um contexto caracterizado pela desigualdade e pela violência. O consumo de alucinógenos pode então evidenciar tanto traços de resistência cultural como marcas de despossessão e violência nos corpos racializados.

No início do século XVII, na província de Antioquia, noroeste da Colômbia, Pedro de Silva obrigou Diego Panojo, um indígena de sua encomienda, a consumir a erva borrachera — certamente uma espécie do gênero Brugmansia — com a esperança de que suas visões revelassem onde estavam as guacas, ou sepulturas indígenas pré-hispânicas, que naquela região costumavam estar repletas de ouro1. A ambição de Silva o fez propenso a crer que as alucinações de Panojo o ajudariam a melhorar sua situação econômica. Era evidente que o ritual que Diego teve que executar contrariava os avanços da evangelização, projeto que, pelo menos em teoria, todo encomendero devia ajudar a fortalecer. Em vez disso, Silva obrigou um indígena que já havia abraçado o cristianismo a consumir uma planta que era problemática para os europeus porque, desde antes da Conquista, os indígenas a empregavam para se comunicar com seus deuses. Mas isso pouco importou a Silva. O conhecimento, as visões e o corpo dos indígenas deveriam se alinhar para satisfazer sua febre de ouro.

Na Colômbia, as alusões a esse tipo de consumo durante o período colonial são escassas, e não exatamente porque as plantas alucinógenas fossem irrelevantes nesse contexto.2 Essa ausência se deve em parte às próprias dinâmicas da Conquista. Por exemplo, no caso da ayahuasca é difícil encontrar referências dos séculos XVI e XVII porque a colonização do sudeste do país — onde se mantém uma forte presença das comunidades indígenas que consomem essa liana — foi tardia e não se conservam muitos registros anteriores ao século XVIII3. Tampouco se pode ignorar o pouco interesse que esse tema suscitou na historiografia colombiana. O caso de Diego Panojo só foi mencionado em algumas ocasiões para assinalar os conflitos entre encomenderos e indígenas nessa região e para ilustrar a rigorosa preparação para a ingestão do borrachero, que requeria longos períodos de jejum.4

Esse episódio revela o paradoxo que se esconde no consumo de alucinógenos durante a época colonial e na perpetuação de práticas consideradas supersticiosas e problemáticas para os conquistadores. O caso do borrachero, longe de ser único, se inscreve em uma série de processos que se empreenderam em diferentes partes do continente americano entre finais do século XVI e princípios do XVII com o objetivo de erradicar ou controlar o uso de plantas suspeitas de alimentar a idolatria e a superstição, entre as quais se destacam o tabaco, a coca e o peyote.

Fonte: Peyote (Lophophora williamsii). © Héctor M. Hernández M. https://www.tropicos.org/image/100445679.

Fonte: Peyote (Lophophora williamsii). © Héctor M. Hernández M. https://www.tropicos.org/image/100445679.

Quando se pensa no uso de alucinógenos de origem americana durante os séculos XVI e XVII é inevitável supor que foram rejeitados pelos europeus, e que tal repulsa alimentou uma retórica inspirada em preceitos religiosos. Daí que a proibição dessa classe de plantas comumente se apresente como uma consequência apenas lógica. Mas, além das diatribes de alguns cronistas e dos debates eclesiásticos, muitas vezes se perde de vista que o consumo dessas substâncias durante o período colonial não se circunscrevia às sociedades indígenas que resistiam a abandonar suas crenças, ou ao processo de adaptação dos afrodescendentes às condições impostas pelo Novo Mundo. Pelo contrário, é possível encontrar casos nos quais até frades chegaram a ser investigados por serem fumantes de tabaco e assíduos consumidores de peyote5. Talvez os processos mais conhecidos sejam os que envolvem mulheres espanholas, crioulas e mestiças que empregavam essas plantas para inúmeros fins relacionados à magia amorosa. Isso poderia levar a pensar que era um assunto que estava intimamente relacionado com o feminino, mas as mulheres não foram as únicas apontadas por propagar a superstição.

A partir da década de 1570, empreenderam-se iniciativas de controle dos avanços da evangelização entre os indígenas, junto a uma averiguação de cristãos-velhos e cristãos-novos. Para lográ-lo, estabeleceram-se os tribunais da Inquisição na América e as campanhas de extirpação de idolatrias. Nos julgamentos viram-se envolvidas pessoas de todas as origens que, na maioria dos casos, foram acusadas de delitos como superstição, bruxaria e heresia. Nesse momento, começaram a aflorar as discussões no seio da sociedade hispânica ou — mais exatamente — cristã. Surgiram debates acalorados em torno da pertinência de permitir ou castigar o uso de estimulantes e alucinógenos americanos6. As autoridades civis e eclesiásticas temiam que a adoção de tais práticas por parte dos europeus pusesse em xeque os pilares de sua identidade, cimentada nos princípios da religião católica7. Nesse contexto, a Inquisição proibiu o consumo de peyote na Nova Espanha: segundo o edito promulgado em 1620, os inquisidores ameaçavam com excomunhão, sanções econômicas e penas corporais a quem ousasse seguir ingerindo o cacto para ter visões e assim “descobrir furtos, e adivinhar outros sucessos, e futuros contingentes ocultos”.

Fonte: “Edicto del Santo Oficio condenando el uso de la yerba de peyote”, México, 19 de junho de 1620. AGN, Cidade do México, Inquisição, vol. 289, exp. 12, f. 1r.

Fonte: “Edicto del Santo Oficio condenando el uso de la yerba de peyote”, México, 19 de junho de 1620. AGN, Cidade do México, Inquisição, vol. 289, exp. 12, f. 1r.

As disposições com as quais a monarquia espanhola e a Igreja buscavam restringir o consumo de tabaco, coca ou peyote foram expedidas no início do século XVII. É fácil cair na tentação de assumir que estas formavam parte de uma mesma iniciativa que pretendia impor-se em todo o território americano. Não obstante, tudo parece indicar que tais medidas foram inspiradas mais propriamente em dinâmicas regionais. Por exemplo, entre 1606 e 1614, a Coroa espanhola proibiu os cultivos de tabaco em várias ilhas do Caribe e Venezuela. Também é certo que, desde as primeiras décadas da Conquista, o tabaco sofria rejeição entre os cronistas, que se encarregaram de construir uma imagem deplorável dos fumantes. Esta representação estava estreitamente ligada aos setores populares: indígenas, indivíduos escravizados e camponeses, habitualmente representados na iconografia com cenas que retratam a libertinagem levada a cabo em tavernas e bordéis. Mas os motivos para banir os cultivos não estavam baseados em assuntos religiosos ou simbólicos. A proibição se afastava do temor à corrupção moral que a fumaça de tabaco ajudava a propagar, para aproximar-se de um medo mais premente e mundano. Na realidade, com essa medida, buscava-se deter o avanço de piratas holandeses e franceses que chegavam àquelas costas para comerciar com os habitantes empobrecidos daqueles lugares, trocando roupa por tabaco. Não é preciso dizer que se tratou de uma tentativa fracassada. Foram exatamente os holandeses e os ingleses quem ajudaram a globalizar o tabaco ao empregá-lo de forma similar, como o faziam na América, para selar alianças militares e acordos comerciais.

Fonte: Esaias Boursse, “Two South African Khoisan men smoking a pipe”, 1662. Rijksmuseum, Ámsterdam, http://hdl.handle.net/10934/RM0001.COLLECT.726327.

Fonte: Esaias Boursse, “Two South African Khoisan men smoking a pipe”, 1662. Rijksmuseum, Ámsterdam, http://hdl.handle.net/10934/RM0001.COLLECT.726327.

Poderia parecer contraditório que os espanhóis recorressem a métodos pouco ortodoxos para resolver assuntos ou conflitos cotidianos, já que eram exatamente estes a base da acusação que recaía sobre os indígenas segundo a vasta literatura contra a idolatria. Basta lançar um olhar aos processos da Inquisição na Nova Espanha entre finais do século XVI e as primeiras décadas do século XVII para se dar conta de que, em muitos deles, os protagonistas tinham origens sociais e econômicas diversas. Os expedientes detalham práticas consideradas supersticiosas que incluíam a ingestão de peyote para buscar objetos perdidos, encontrar as razões de um amor não correspondido, ou para diminuir o caráter violento de esposos, amantes e amos. Cabe perguntar então por que muitas das acusadas eram mulheres afrodescendentes8. Talvez porque fossem exatamente elas quem mais necessitassem que essa mistura de plantas e conjuros fosse efetiva para manipular suas circunstâncias; uma forma de agir sobre uma realidade que dificilmente podiam mudar: encontrar-se submetidas ao mau caráter dos escravizadores, à traição de seus amantes e à violência. Algumas delas inclusive conseguiram combinar a perícia na arte do sobrenatural com ofícios como lavadeiras, costureiras ou parteiras, o que lhes serviu para comprar sua liberdade e ter uma vida — ainda que modesta — livre de amarras. Essa garantia, no entanto, nem sempre resultava duradoura. Como demonstrou a historiadora Ana María Silva Campo, não foram poucas que a Inquisição, além de condená-las ao desterro e a centenas de açoites, também lhes confiscou os bens que haviam conseguido após serem reconhecidas como curandeiras, feiticeiras e bruxas9. Da acusação até a sentença evidencia-se o critério desigual que era aplicado na hora de perseguir e castigar as mulheres afrodescendentes. A primeira alimentava um preconceito, e a segunda se apresentava como um novo ato de desapropriação. Tratava-se de construir um arquétipo da bruxa racializada que serviria para perpetuar sua condição de mulher pobre.

O consumo de alucinógenos não era só uma demonstração de resistência cultural por parte de indígenas e de afrodescendentes, mas também se encontrava inserido em relações de desigualdade próprias da sociedade colonial. É inegável que, embora em muitos casos os indígenas e afrodescendentes pudessem receber uma compensação econômica ou uma espécie de status por suas habilidades ou conhecimentos relacionados a plantas como o peyote, o borrachero, a coca ou o tabaco, não se pode subestimar os perigos que acarretavam os rituais e, pior ainda, os riscos que a perseguição por parte da Inquisição impunha sobre seus corpos. As acusações e os castigos de caráter exemplar demonstravam que a gravidade dos delitos estava condicionada pelo lugar social que ocupava quem era acusado de infringir algum preceito moral ou religioso. Em alguns processos, menciona-se que a ingestão de alucinógenos era levada a cabo por indígenas e afrodescendentes, mas em muitas ocasiões, os beneficiários das alucinações eram — em última instância — os espanhóis e seus descendentes10.

Embora, a princípio, essas plantas alucinógenas estivessem estreitamente vinculadas a marcos de referência indígena, depois da Conquista terminaram sendo apropriadas e, em consequência, reinterpretadas e usadas para propósitos distintos do contexto cultural de origem. Curar, adivinhar o futuro, mudar os desígnios do destino ou buscar objetos perdidos e tesouros se tornaram tarefas assumidas por indígenas e afrodescendentes, embora, em muitos casos, atendessem necessidades alheias e se fizessem contra sua vontade, como no caso de Diego Panojo e a erva borrachera. O consumo de alucinógenos mostra como operavam os mecanismos de desigualdade e violência da sociedade colonial. Enquanto os europeus buscavam novas maneiras de enfrentar sua realidade ao adquirir um gosto por aquilo, que em princípio deviam rejeitar, valeram-se do conhecimento indígena e da vulnerabilidade dos afrodescendentes escravizados e livres para construir e perpetuar uma imagem negativa sobre os corpos racializados.


  1. Archivo general de la nación (AGNC), Bogotá, Colonia, Visitas Antioquia, Tomo III, Titiribí y Ebéjico. ↩︎

  2. O borrachero segue sendo reconhecido, ainda que não exatamente por sua importância comercial ou pelo lugar central que ocupasse entre os indígenas do país, mas porque a escopolamina é a protagonista dos assaltos de rua. John Slater, “Drugs, Magic, Coercion, and Consent: From María de Zayas to the ‘World’s Scariest Drug’”, Reconsidering Early Modern Spanish Literature through Mass and Popular Culture: Contemporizing the Classics for the Classroom, eds. Bonnie Gasior y Mindy E. Badía (Newark: Juan de la Cuesta, 2021), p. 284. ↩︎

  3. Martin Nesvig assinalou a dificuldade para encontrar referências sobre o consumo de ayahuasca na época colonial. Martin Nesvig, “Forbidden Drugs of the Colonial Americas”, The Oxford Handbook of Global Drug History, ed. Paul Gootenberg (Oxford: Oxford University Press, 2022), p. 166. ↩︎

  4. Mauricio Alejandro Gómez Gómez, Del chontal al ladino: hispanización de los indios de Antioquia según la visita de Francisco de Herrera Campuzano, 1614-1616 (Medellín: Fondo Editorial FCSH, 2015), pp. 79 y 129; Gregorio Saldarriaga, Alimentación e identidades en el Nuevo Reino de Granada, siglos XVI y XVII (Bogotá: Ministerio de Cultura, 2012), pp. 169-170. ↩︎

  5.  “Proceso contra Fray Pedro de Olmos, sacerdote profeso franciscano, por blasfemo”, México, 1586. Archivo General de la Nación (AGNM), Ciudad de México, Inquisición, vol. 140, exp. 1, 70 ff. ↩︎

  6.  Por exemplo, os debates em torno do consumo de coca no vice-reino do Peru. Véase, Paulina Numhauser, Mujeres indias y señores de la coca. Potosí y Cuzco en el siglo XVI (Madrid: Cátedra, 2005); Ana Sánchez, “El talismán del diablo. La inquisición frente al consumo de coca: (Lima, siglo XVII)”, Revista de la Inquisición 6 (1997): 139-162. ↩︎

  7. Até mesmo o chocolate chegou a ser objeto de suspeita. Véase Marcy Norton, Sacred Gifts, Profane Pleasures. A History of Tobacco and Chocolate in the Atlantic World (Nueva York: Cornell University Press, 2008); María Águeda Méndez, “Una relación conflictiva: la Inquisición novohispana y el chocolate”, Caravelle 71 (1998): 9-21. ↩︎

  8. Joan Bristol y Matthew Restall, “Potions and Perils: Love Magic in Seventeenth Century Afro-Mexico and Afro- Yucatan”, Black Mexico: Race and Society from Colonial to Modern Times, eds. Ben Vinson y Matthew Restall (Albuquerque: University of New Mexico Press, 2009); Joan Bristol, “Ana de Vega, Seventeenth-Century Afro- Mexican Healer”, The Human Tradition in Colonial Latin America, ed. Kenneth J. Andrien (Lanham: Rowman and Littlefield Publishers, 2013). ↩︎

  9. Ana María Silva Campo, “Fragile fortunes: Afrodescendant women, witchcraft, and the remaking of urban Cartagena”, Colonial Latin American Review 30.2 (2021): 197-213, doi:https://doi.org/10.1080/10609164.2021.1912481. ↩︎

  10. Martin Nesvig, “Sandcastles of the Mind: Hallucinogens and Cultural Memory”, Substance and Seduction. Ingested Commodities in Early Modern Mesoamerica, eds. Stacey Schwartzkopf y Kathryn E. Sampeck. (Austin: University of Texas Press, 2017). ↩︎

Cita

López Roldán, Kelly. 2024. 'O uso de alucinógenos americanos no século XVII'. Despojos en las Américas. https://staging.dia.upenn.edu/pt/content/Lopez-RoldanK001/

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Fuente: Francisco Tumiñá Pillimué, “Mujer al pie de borrachero”, en Nuestra Gente - Namuy Misag. Tierra, costumbres y creencias de los indios guambianos (Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 1949) p. 93.

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