Resumen
“Esculpir el Silencio” se inscribe en el terreno del territorio, reimaginándolo como un espacio tanto físico como simbólico atravesado por el desplazamiento. Concebida por la artista uruguaya Tamara Cubas, esta instalación escénica transforma los testimonios de mujeres migrantes en un paisaje de sal, sonido y voz. El entorno desértico evoca la precariedad y la resistencia de la migración, mientras que las voces —recogidas a través de los “dispositivos de relación” de Cubas— resuenan como fragmentos de supervivencia y esperanza. Las colaboraciones con Gabriel Calderón (dramaturgia), Alicia Laguna (producción y mediación artística) y Francisco Lapetina (composición sonora) contribuyen a dar forma a esta obra viva. Estrenada en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz en 2021, la pieza es porosa y procesual, integrando continuamente nuevos relatos a lo largo de distintos territorios. “Esculpir el Silencio” no solo encarna el cruce de fronteras, sino que también revela al territorio como un lugar de vulnerabilidad, transformación y memoria colectiva.
Tamara Cubas. ¿Qué motiva a una mujer sola, a menudo con las espaldas cargadas de crías pequeñas, a someterse a un naufragio anunciado? ¿Qué la hace creer que ella no naufragará, que su historia será diferente? ¿Qué está dispuesta a perder, a cambiar, a negociar, a morir, para asegurarse de cumplir esta travesía? Esculpir el Silencio una instalación escénica que recoge los testimonios de mujeres inmigrantes, articulando un espacio visual y sonoro que evoca la travesía como un medio de sobrevivencia y esperanza. Estrenada en octubre de 2021, dentro del Festival Iberoamericano de Teatro, FIT de Cádiz, es una de las últimas propuestas artísticas de la coreógrafa y artista visual de origen uruguayo Tamara Cubas, con la colaboración de Gabriel Calderón en la dramaturgia, Alicia Laguna de Teatro Línea de Sombra (México) en la producción y colaboración artística, y, de Francisco Lapetina en la composición sonora. La propuesta es el resultado del encuentro entre la artista con mujeres migrantes de distintas partes del mundo, a través de lo que denomina «dispositivos de relación», cuyo objetivo es generar una vinculación honesta y real con las mujeres, para verse ella misma afectada por el diálogo que surge. Las conversaciones que emergieron fueron posteriormente reelaboradas por el dramaturgo Gabriel Calderón y convertidas en audios por Francisco Lapetina. La instalación evoca a un desierto de sal que abarca todo el espacio expositivo, que el espectador puede recorrer libremente. En los distintos montículos que emergen, se escuchan voces de mujeres que narran los testimonios de las duras condiciones de la travesía, las difíciles decisiones y las inevitables consecuencias que supone perseguir un destino mejor, imaginado como un lugar de salvación. Se trata de una obra viva, permeable a los distintos testimonios que Tamara Cubas fue recogiendo en cada territorio que visitó. Líquida, en la medida en que nuevos relatos se fueron sumando a lo largo de esta obra procesual.

